El elefanto blanco
Una noche soñé que un gran elefante blanco estaba sentado a mi lado junto al borde de una fuente de agua en una plaza. Los dos mirábamos al frente, era tan blanco, un blanco parejo y perfecto.
De repente, giro su cabeza y me observo, yo hice lo mismo. La maravilla de aquellos ojos solo pueden ser producto de un sueño, y creo que debe ser la misma sensación que sientes dos personas cuando se ven y saben que es amor a primera vista. Sus ojos era dos galaxias, llenas de millones de estrellas pequeñitas y con azules en todos sus formas, profundos como el espacio mismo.
Luego, movió su larga nariz y agarro agua de la fuente y coloco su nariz sobre mi y vació su contenido, curiosamente no era agua, ¡era leche!.
Ese elefante blanco siempre me ha acompañado en mi vida, con diferentes sueños. Y cuando lo vi tan grande, tan blanco, con una mirada que podía decirte todo sin un solo sonido, supe que había algo más entre él y yo, algo fuera de este mundo. ¡Algo que aún no sé qué es!, lo cierto es que en todos mis sueños siempre es leche, una sola vez no termine mojada de pies a cabeza en mis sueños. Pero, las demás veces sí.
En India, la leche tiene un significado sagrado, así como el animal que la aporta. Es curioso que el elefante también en un animal importante en India, recuerden la historia de Lord Ganesha. Entonces, para los hindúes mi sueño es revelador, para mi es una invitación a estudiar el porqué de ese sueño. Luego de eso, en mi cocina siempre hay un elefante, Lord Ganesha también es el dios de la cocina en muchas cocinas está sentado mirando fijamente a quienes se atreven con los calores del fogón, al menos eso me lo dijo una dama de la India. Así que mi Lord Ganesha siempre esta viendo qué hago en la cocina, cómo cocino al son de un tango y como se mueven mis cucharas de madera en una salsa cremosa o en un bulgur hirviente. Cada vez que compró mozzarella me acuerdo de mi amigo el elefante blanco, porque ambos comparten el mismo color.
Y hablando de mozzarella de bufala, no hay mayor placer culinario para mi que hacer pan baguette, hornearlo y que tenga un color caramelo con sus puntos de oro, con sus burbujas en la concha y que al apretarlo te cante "la sinfonía del pan" con su crujir. Poner en mi sartén una buena ración de tomates en pulpa, picar pimentones verdes porque como los mexicanos, para mí, los pimentones verdes son como Pedro Infante. Ajos frescos sin su concha porque la concha a veces repite su presencia en la sala, sal y pimienta negra para aplicar el Ying Yang a la cuestión. Y un buen chorro de aceite de oliva, virgen, para que sea su primera vez con los tomates.
¡Y a esperar que se ponga pesada la cosa!...
Cuando las burbujas no sean más transparentes y la salsa te grite que ya no quiere más calor, traiga a su amigo el pan que usted horneo, o en su defecto, por falta de tiempo el que usted compro. ¡Haga que hable! y preséntelo a la salsa y cuando se estén conociendo y se ponga caliente el ambiente entre esos dos, inviste en rodajas a la mozzarella y pruebe el placer de ese trío caliente. ¡Usted sabrá que luego de eso, lo que venga, es la propia felicidad!, así sabe la felicidad.


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